Somos un soplo de aire fresco en un pueblo muy envejecido

FUENTE: Heraldo de Aragón.

En la taberna de Hogsmeade, Harry Potter brindaba con hidromiel, y lo mismo hacían los personajes de ‘El Señor de los Anillos’ o de ‘Juego de Tronos’. Por eso no es extraño que a Antonio Castillo, un enamorado de este tipo de historias, se le ocurriera aprovechar la miel de sus panales para comenzar a elaborar este producto, una de las primeras bebidas alcohólicas que consumió el hombre y la precursora de la cerveza.

Antonio estudió veterinaria pero, hace siete años, con 23, tuvo claro que lo suyo era la apicultura y con mucha ilusión decidió instalar sus colmenas en Lechón (Zaragoza), el pueblo de sus padres, donde tan solo viven 20 personas, aunque hay 40 empadronados. Hace dos años se sumaron a la aventura sus hermanos, Arvidas, de 27 años, y Leyre, de 20. “Así que ahora podemos decir que más del 15% de la población del pueblo trabaja en nuestra nave“, indica divertido.

Al principio, hicieron hidromiel para consumo familiar, inspirados en los libros y películas de temática mágica que tanto les gustaban, como ‘El señor de los anillos’, y el resultado fue “tan bueno” que decidió lanzarse de lleno al mercado de la comercialización y venta de hidromiel. “Las cosas han ido muy despacio y, aunque en 2014 ya teníamos el permiso de Sanidad para poder elaborarla, el proyecto se retrasó por problemas burocráticos”, apunta.

Hace un año, con los permisos en regla arrancaron las obras de la nave donde se envasa esta hidromiel, que fabrican con métodos artesanales y con la miel que dan sus colmenas, “multifloral, porque tiene más matices y podemos elaborar más variedades, al gusto del consumidor”, señala.

Durante este tiempo se han dado a conocer en ferias medievales, donde su grifo de hidromiel es todo un éxito, lo que les ha permitido elaborar, en este tiempo, entre 8.000 y 10.000 litros que también han vendido en botellas y botellines. “Nuestro reto ahora es ampliar el radio de acción en ferias medievales de Francia, un país muy exigente en todo lo relacionado con las recreaciones históricas”, matiza.

Para lograrlo, hace un mes adquirieron la maquinaria necesaria para envasar la hidromiel en botellines y poder comercializarla en bares, sobre todo aquellos de temática medieval y juegos de rol, donde goza de gran aceptación.

Ilusión y ganas no les faltan, por eso decidieron llamar a su hidromiel ‘Rasmia’, un nombre muy aragonés que hace alusión al “empuje y tesón necesario para acometer y continuar una empresa”, señala orgulloso.

Mientras sus sueños se cumplen, los tres hermanos disfrutan de la vida en su pueblo, donde han sido recibidos como “un soplo de aire fresco”, no solo por la hidromiel, sino “por nuestra juventud porque somos de los pocos jóvenes que vivimos en un pueblo muy envejecido”.

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